NO MÁS VIOLENCIA CONTRA LA MUJER!

Existen en todo el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres
demográficamente desaparecidas. Cada año, entre 1,5 y3 millones de
mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la violencia o el
abandono por razón de su sexo. Como decía The Economist del pasado 24
de noviembre, “cada período de dos a cuatro años, el mundo aparta la
vista de un recuento de víctimas equiparable al Holocausto de Hitler”.

¿Cómo es posible que ocurra algo así?
He aquí algunas de las razones.

• En los países donde el nacimiento de un varón se considera un regalo
y el de una niña una maldición, se recurre al aborto y el infanticidio
selectivos para eliminar a las niñas.

• Las niñas mueren de forma desproporcionada por abandono, porque los
alimentos y la asistencia médica se destinan antes a sus hermanos,
padres, maridos e hijos.

• En los países en los que se considera a las mujeres propiedad de los
hombres, los padres, hermanos y maridos las asesinan por atreverse a
escoger sus propias parejas. Son los llamados asesinatos “de honor”. A
las novias jóvenes cuyos padres no pagan dinero suficiente a los
hombres que se han casado con ellas se las mata; son las llamadas
“muertes por dote”.Puros asesinatos.

• El brutal tráfico sexual internacional de chicas jóvenes mata a un
número incalculable de mujeres.

• La violencia doméstica causa la muerte de un gran número de mujeres
en todos los países del mundo. Las mujeres entre 15 y 44 años tienen
más probabilidades de ser asesinadas o heridas por sus parientes
masculinos que de morir debido al cáncer, la malaria, los accidentes
de tráfico ola guerra, todos juntos.

El genocidio consiste en el exterminio deliberado de un gran número de
personas. Y esto es genocidio. No son unos asesinatos silenciosos;
todas las víctimas proclaman a gritos su sufrimiento. Y no es que el
mundo no oiga esos gritos; es que nosotros, los demás seres humanos,
preferimos no prestar atención.

En primer lugar, las mujeres no estamos organizadas ni unidas. Las
mujeres de los países ricos, que disfrutamos de la igualdad bajo la
ley, tenemos la obligación de movilizar a nuestras hermanas. Nuestra
indignación y nuestras presiones políticas son las únicas armas que
pueden promover el cambio.

Luego están las fuerzas del oscurantismo. Los islamitas están
empeñados en revivir y extender una serie de leyes brutales y
retrógradas. En los países en los que imponen la ley coránica de la
sharia, a las mujeres se les expulsa del ámbito público, se les niega
la educación y se les obliga a pasar toda su vida como esclavas
domesticas. La lucha para combatir el islamismo es una lucha para
salvar a las mujeres en cuerpo y mente.

Cada día, 6.000 niñas sufren mutilación genital, según Naciones Unidas.

Tenemos que luchar para cambiar esa mentalidad. Una cultura que corta
los genitales de las niñas, daña sus mentes y justifica su opresión
física no es equiparable a una cultura que considera que las mujeres
tienen los mismos derechos que los hombres.

El 8 de marzo, el Día de la Mujer. En ese día, todos los años,
celebramos nuestros triunfos y condenamos nuestro sufrimiento. Pero un
día no es suficiente. Necesitamos más de un día, más de un año, más de
un decenio. Necesitaríamos todo un siglo para luchar contra el
generocidio.

Cuando nos violan concebimos en medio de la humillación, y
transmitimos nuestra rabia a nuestros hijos. Si no nos quieren,
tampoco nosotras podemos querer; y si no nos cuidan, también nosotras
descuidamos. Las mujeres tratadas con crueldad engendran mercenarios y
opresores. Si nos destruyen, destruimos. Ante este horror, me siento
tan impotente como cualquiera, pero sé que, para acabar con él, vamos
a necesitar mucha más energía y vamos a tener que centramos. Hay tres
primeros pasos que podrían dar los dirigentes mundiales para empezar a
erradicar el asesinato en masa de las mujeres.

• Que un tribunal de justicia como el de La Haya busque a los 113-200
millones de mujeres y niñas desaparecidas. Transformar las cifras en
rostros y nombres contribuirá enormemente a erradicar la violencia.

• Por último, necesitamos una campaña mundial contra las culturas que
permiten este tipo de crímenes. Las culturas que defienden la
eliminación física de las niñas recién nacidas, que niegan a las
mujeres el derecho a gobernar su propio cuerpo y no las protegen de
ninguna forma contra los peores maltratos físicos, todas esas culturas
deben reformarse. No son miembros respetables de la comunidad de
naciones.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional

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